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Paridad para mayor participación, representación y liderazgo femenino.

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La ley de Paridad recientemente sancionada en la Provincia de Buenos Aires marca un primer gran paso para el necesario cambio cultural que exprese una sociedad más justa e igualitaria. Repasando tan solo algunas cifras, veremos  el desequilibrio en la representación política que existe entre varones y mujeres ,principalmente en los centros urbanos. Según la organización Ciudades y Gobiernos Locales Unidos (CGLU), las mujeres concejalas representan menos del 20% del total mundial y tan solo el 5% de las intendencias. En el total de la representación parlamentaria, las mujeres apenas llegan al 22 por ciento de las bancas. Y lo cierto, es que este marcado desequilibrio no refleja la paridad de géneros a nivel poblacional, que se reparte casi por igual entre mujeres y varones.

La idea de paridad que impulsamos desde el Frente Renovador para que las listas de candidatos a cargos legislativos la integren 50 y 50 (una y uno) ,significa tan solo un punto de partida. Un cambio histórico que también debe avanzar en el Poder Judicial, en la representación sindical, y en los distintos niveles del Estado. La efectiva participación de la mujer en la política y en otras instancias, debe ser  también una oportunidad para la generación de liderazgos femeninos, fundamentalmente liderazgos locales, muy cerca de las necesidades de la gente.

Avanzar hacia una verdadera paridad ,significa  también avanzar en aspectos tales como: remuneración equitativa, erradicar la violencia contra las mujeres, garantizar la salud sexual y reproductiva, educación inclusiva e igualitaria, reparto equitativo de las tareas domésticas, lucha contra la trata de personas, igualdad ante la ley, y en  definitiva modificar los estereotipos de género.

Sin duda nos hemos acostumbrado a un proceso de invisibilidad de las mujeres.  El debate instalado en torno a las leyes de Paridad que avanzan inexorablemente en todo nuestro país, no solo pone en evidencia esa invisibilidad sino que intenta revertirla. A quienes objetan que se recurra a una ley para corregir  el desequilibrio existente, habría que recordarles que solo de esa manera pudieron corregirse grandes injusticias en la historia de la humanidad.

En la actualidad, hay un contexto internacional propicio  para avanzar con políticas que favorezcan una mayor participación de las mujeres. Más que eso: hay una marcada necesidad que eso suceda y pueda verse reflejado  tanto en lugares de representación y toma de decisiones, como también en favor del surgimiento de mas liderazgos femeninos.

El triunfo de alcaldesas en ciudades relevantes de Europa, como París (Anne Hidalgo), Madrid (Manuela Carmena), Roma (Virginia Raggi), Barcelona (Ada Colau) y Turín (Chiara Appendino) por mencionar solo algunas,  ayuda a visibilizar el potencial de la mujer. Hay una nueva generación de mujeres líderes que está emergiendo en las ciudades, en momentos en que la población urbana mundial crece significativamente. Tanto, que se calcula que para el año 2050 el 80 por ciento de la población estará en la ciudades.

En África, la red de mujeres locales electas, REFELA, celebra su quinto aniversario. En la India, hay mujeres al frente de los gobiernos de los Estados de Jharkhand, Goa y Pondicherry. En Japón, Tokio ha elegido su primera mujer gobernadora (Yuriko Koike). En los Estados Unidos, Washington DC está gobernada por una alcaldesa afroamericana (Muriel Bowse) y  se encamina a tener la primera mujer Presidente. La política avanza hacia un cambio cultural profundo, hacia una nueva agenda, hacia la necesidad de dar nuevas respuestas. Y eso será posible con más mujeres en política.

Paridad por ley: un punto de partida.

La aspiración en nuestro país es alcanzar una participación plena y efectiva para que las mujeres puedan tener las mismas oportunidades que los varones para ejercer liderazgos en todos los niveles de decisión. Que Sergio Massa haya puesto la paridad como condición necesaria para el avance de la reforma política a nivel nacional,  ha resultado fundamental para la toma de conciencia sobre la necesidad de reparar en forma urgente la insostenible desigualdad que existe. Afortunadamente, su firmeza, motivó que dirigentes con responsabilidad de gobierno y legisladores en general decidieran apoyar la iniciativa. La paridad es mucho más que un objetivo a alcanzar: es un punto de partida para posibilitar una mirada integral y completa sobre la práctica política.

Se equivoca el que interpreta esta búsqueda de equidad como una pretensión o pelea por los cargos. Alcanzar la paridad en los escenarios de representación política nos pone frente a una ventana de oportunidad histórica. Es una cuestión de justicia. Para que las mujeres tengamos justicia social necesitamos más políticas públicas con mirada de mujer.

Mujeres capaces de expresar una mayor proximidad, escucha, y sensibilidad a los problemas cotidianos. Que integren y lideren equipos capaces de trabajar de manera colaborativa. Que luchen contra los silencios y las exclusiones. Mujeres que incluyan y compartan. Mujeres que lideren procesos de transformación. Que generen vínculos, confianza. Que abran paso a nuevas oportunidades, de crear, de innovar, de dar respuesta a una nueva agenda ciudadana. Mujeres para una nueva política.

Es cierto que en muchos casos, mujeres que llegaron a posiciones de liderazgo no han sido un ejemplo de estos cambios. No han expresado esa necesaria cercanía, diálogo, y transparencia. No ayudaron a la construcción de consensos ni mostraron sensibilidad para una nueva agenda social.  En parte, porque han luchado con métodos y posturas propias de los varones. La ley de paridad tiene la pretensión de corregir esa desviación. No porque las mujeres representen capacidades políticas diferentes a las de los varones, sino por la necesaria complementación que esto traerá aparejado. Juntos a la par. Un necesario e imprescindible punto de partida.